Las matemáticas: El lenguaje universal de la academia

Las matemáticas: El lenguaje universal de la academia
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“Exactos son los números”, dice Jarabe de Palo en su canción, Depende. Con ese tono de quien intenta poner orden al caos. La exactitud de los números ha sido, históricamente, uno de los pilares del pensamiento lógico y científico. En un mundo en constante transformación, donde los discursos son cambiantes y las verdades muchas veces parecen relativas, las matemáticas ofrecen un raro refugio: una estructura coherente, precisa y universal que trasciende culturas, lenguas y tiempos. Son el lenguaje que usa el universo cuando quiere hablar en serio.

Porque ¿cómo llamamos al hecho de que un conjunto de símbolos abstractos pueda predecir eclipses, explicar el ADN, diseñar puentes que no se caen, o detectar ondas gravitacionales que viajaron miles de millones de años antes de rozar nuestros instrumentos? ¿Cómo se explica que π, e y φ, números irracionales, incompletos y eternos, aparezcan por todas partes como si fueran firmas ocultas de algo que no entendemos del todo?

En ese misterio perfecto vive la belleza de las matemáticas. No necesitan traducción ni subtítulos: lo que demuestra un matemático en Quito puede entenderlo otro en Tokio. Las matemáticas no tienen patria ni bandera. Y en un mundo donde los idiomas dividen, las fórmulas conectan.

En este escenario fascinante programas como ESTALMAT Ecuador cumplen una función fundamental. Impulsado por CEDIA, el proyecto de EStímulo al TALento MATemático  detecta y ofrece herramientas a jóvenes con habilidades para el pensamiento abstracto y lógico. A diferencia de otros modelos de educación acelerada, ESTALMAT es una convocatoria que  no busca premiar la competencia sino fomentar la curiosidad. Durante dos años, estudiantes de entre 12 y 14 años participan en un proceso de aprendizaje libre de evaluaciones convencionales, motivados por la pura exploración del conocimiento matemático.

Al final, la pregunta no es si las matemáticas son útiles —sabemos que lo son—, sino si también pueden ser comprendidas como una forma de arte. Porque cuando uno y uno son dos, sí, la lógica funciona. Pero cuando 3 elevado a 3 elevado a 3 se convierte en una torre infinita de símbolos, entonces estamos en otro terreno: el de la imaginación formalizada, el de la intuición rigurosa, el de la belleza hecha número. ¡El de la matemática como lenguaje… y como maravilla.!

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